Miles de banderas rojas, blancas y azules inundaron el corazón de Manhattan el pasado domingo 14 de junio. La 69ª edición del Desfile Nacional Puertorriqueño convirtió la Quinta Avenida en una fiesta de música, color y orgullo patrio. Entre los asistentes más aclamados estuvo el exponente musical que revolucionó el género urbano a nivel global, pero esta vez no subió a un escenario: lideró la celebración como Gran Mariscal.

El cantante Daddy Yankee, de 49 años, encabezó el evento junto a Dayanara Torres, Miss Universo 1993, quien fungió como Reina, y el actor Anthony Ramos, conocido por «Hamilton» e «In the Heights», quien fue el Rey del desfile. La congresista Nydia Velázquez y el músico de jazz Charlie Sepúlveda también recibieron premios por su trayectoria. El lema de este año fue «Somos Más Que 100 x 35», una frase que Bad Bunny popularizó en los Grammy y que subraya que el impacto cultural y económico de Puerto Rico supera con creces su extensión territorial de 100 millas por 35.

La gobernadora de Nueva York, Kathy Hochul, declaró que el evento busca mostrar el orgullo por la «historia de resiliencia que viene del gran pueblo puertorriqueño». Pero más allá de los discursos oficiales, la voz de la gente fue clara. «Se siente increíble, siento que un pedazo de casa voló hasta aquí», comentó Rolando Miranda, un asistente de Queens. Tiffany Fernández, que viajó con su hija de 4 años, añadió: «Amamos la cultura y el ambiente. Amamos ver a Daddy Yankee». Anthony Ramos, por su parte, recordó que solía venir al desfile con su hermana de niño: «Tengo fotos mías con mi camisa, mi gorra y mis gafas grandes. Es hermoso. Es un sueño estar aquí».

Sin embargo, la elección de Daddy Yankee no está exenta de matices. El artista, que ahora se presenta artísticamente como «DY» y se ha volcado a la música góspel, se encuentra en plena transición espiritual tras su conversión religiosa. ¿Representa su rol como Gran Mariscal un reconocimiento a su legado musical o un reflejo de los cambios en su identidad artística? ¿Puede un exponente del reguetón secular, ahora dedicado a la fe, seguir siendo el rostro de la cultura popular de un pueblo?

La organización calculó que aproximadamente un millón de personas asistieron al desfile, que recorrió 35 cuadras de la Quinta Avenida, desde la calle 44 hasta la 79. El evento, que celebra la herencia cultural puertorriqueña, se ha convertido en uno de los más importantes de la comunidad latina en Estados Unidos. Mientras algunos ven en Daddy Yankee al embajador perfecto, otros podrían preguntarse si su nuevo camino espiritual choca con el espíritu festivo de la jornada. Lo cierto es que su presencia convocó multitudes y puso sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿la cultura y la política pueden realmente separarse en un escenario tan cargado de identidad?