La Unión Cuba-Petróleo (CUPET) y el Ministerio de Energía y Minas aseguraron este sábado que no ocurrió un incendio en la Base de Supertanqueros de Matanzas. Según su explicación, durante labores de mantenimiento en un tanque vacío se produjo combustión de azufre acumulado en la superficie, lo cual generó una densa columna de humo gris que fue controlada rápidamente y sin propagación. La versión añade que el fenómeno puede ocurrir cuando se utiliza oxicorte para retirar estructuras metálicas de tanques que han almacenado crudo cubano, caracterizado por su alto contenido de azufre.
La aclaración llega después de que, el viernes, el periódico provincial Girón informara sobre un incendio durante trabajos de mantenimiento. De acuerdo con ese reporte inicial, fuerzas de bomberos, el Ministerio del Interior y otras entidades habían intervenido para controlar las llamas, sin riesgo de propagación para las áreas cercanas. La diferencia no es menor: primero se habló de fuego bajo control; horas después, las autoridades nacionales sostuvieron que no existió incendio, sino humo originado por una combustión técnica de azufre.
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En términos estrictos, una combustión puede no producir llamas abiertas y sí liberar humo visible. Sin embargo, la disputa semántica no resuelve el problema público central: ¿por qué una instalación de esta sensibilidad generó una situación visualmente alarmante sin que existiera, desde el inicio, una explicación técnica inmediata, completa y verificable? CUPET no precisó qué tanque estaba siendo intervenido, qué medidas preventivas se aplicaron antes del oxicorte ni por qué la información inicial difundida por un medio oficial describió el hecho como incendio.
La preocupación no nace de la nada. La Base de Supertanqueros ocupa un lugar clave en el almacenamiento de crudo que alimenta al sistema eléctrico cubano, justamente cuando los apagones, el déficit de generación y la fragilidad del suministro energético golpean la vida cotidiana. Para una familia que organiza la comida, el bombeo de agua o el descanso alrededor de cortes eléctricos; para pequeños negocios que dependen de refrigeración; y para trabajadores que ya cargan con transporte inestable, una columna de humo en Matanzas no es solo una noticia industrial: es otra señal de incertidumbre sobre una infraestructura decisiva.
Además, el episodio inevitablemente remite al incendio de agosto de 2022, que destruyó cuatro depósitos en esa misma base, dejó 17 fallecidos y más de un centenar de lesionados. Entre las víctimas hubo jóvenes que cumplían el Servicio Militar Obligatorio. Cuatro años después, la instalación continúa en reconstrucción, con nuevos tanques proyectados dentro de un programa que ha contado con apoyo chino. Pero persisten preguntas sobre las condiciones de seguridad, los protocolos de emergencia y las responsabilidades de aquella catástrofe, sobre la cual no se ha divulgado una investigación pública integral que despeje todas las dudas.
En redes sociales y medios independientes, la noticia circuló primero como un nuevo incendio, precisamente por la apariencia del humo y por los antecedentes de 2022. La rectificación de CUPET puede describir una diferencia técnica real entre “fuego abierto” y combustión de azufre, pero también revela un problema político y comunicacional: en un país donde la información oficial suele llegar tarde, incompleta o corregida desde arriba, la ciudadanía aprende a desconfiar incluso cuando una aclaración puede ser cierta.
La cuestión de fondo no es si la etiqueta correcta fue “incendio” o “combustión sin llama”, sino si una instalación estratégica puede informar con transparencia antes de que el vacío sea ocupado por rumores, miedo y versiones contradictorias. ¿Publicarán CUPET y el MINEM un parte técnico con identificación del tanque, protocolo aplicado y evaluación de riesgos? ¿O Matanzas seguirá siendo el lugar donde cada columna de humo obliga a recordar que la confianza institucional también necesita mantenimiento?
