La Casa Blanca de Donald Trump estrenó una sección de juegos en línea que transforma dos de sus prioridades políticas en dinámicas de arcade: detener a personas migrantes y levantar un muro fronterizo. La iniciativa, difundida el 3 de septiembre desde la cuenta oficial en X, no es una parodia externa ni una campaña electoral informal: utiliza la infraestructura comunicativa de la presidencia de Estados Unidos para convertir la deportación en puntuación, recompensa y espectáculo.

El caso más revelador es “Rio Run”, una versión inspirada en el clásico Snake. El jugador recorre la ribera del Río Grande, persigue a quienes cruzan la frontera y acumula una puntuación asociada a deportaciones. Las figuras capturadas pasan a vestir uniformes naranjas y siguen al personaje principal, representado como un hombre blanco mayor con corbata azul. En “Build The Wall”, el objetivo consiste en apilar ladrillos mientras se presenta la frontera como escenario de un supuesto “asedio zombi”. La deshumanización no queda sugerida: está incorporada a la mecánica misma del juego.
CAN’T STOP WINNING. 🎮
Build the wall. Deport. Fill a Trump Account.
LIVE – PLAY NOW 📲 https://t.co/qIR69AxSnm pic.twitter.com/2nr2jG1ZRg
— The White House (@WhiteHouse) September 3, 2026
El discurso oficial intenta envolver esa decisión en una batalla cultural. Un funcionario de la Casa Blanca declaró a CNN que la plataforma busca contraponer una supuesta cultura de “diversión y éxito” con la “oscura visión socialista” atribuida a los demócratas. Pero el contraste real no es entre diversión y socialismo. Es entre el aparato institucional de un Estado que debe garantizar derechos y una estrategia que explota el miedo, el prejuicio y la humillación pública de una población especialmente vulnerable.
En redes, el anuncio generó tanto adhesiones como críticas. El video publicado por la Casa Blanca superaba los 38.000 “me gusta” y reunía miles de respuestas, una muestra de que el formato funciona para producir circulación y polarización. Al mismo tiempo, usuarios cuestionaron que la administración dedique recursos comunicativos a estos juegos mientras persisten preocupaciones por el alto costo de vida y por la escalada bélica con Irán. La provocación parece ser parte del objetivo: captar atención, imponer el lenguaje del conflicto y obligar a discutir en los términos escogidos desde el poder.
Para migrantes latinoamericanos, entre ellos cubanos que han llegado a Estados Unidos tras trayectos costosos y peligrosos, el mensaje trasciende la pantalla. Detrás de cada “punto” hay personas que pueden tener hijos, empleos precarios, procesos de asilo pendientes o familiares a ambos lados de la frontera. Para quienes viven sin una situación migratoria estable, la normalización de la captura como entretenimiento puede profundizar el temor a denunciar abusos laborales, acudir a instituciones o realizar trámites esenciales. También alimenta una división funcional: trabajadores presentados como amenaza, en vez de como parte de una economía que depende de su mano de obra.
No se trata de un episodio aislado. CNN recuerda que la administración Trump ya había recibido críticas por emplear redes y canales oficiales para difundir imágenes consideradas racistas u ofensivas, y cita a un funcionario que describió el sitio web de la Casa Blanca como un “arma” para amplificar su mensaje. Esa definición ayuda a entender el lanzamiento: el portal público deja de ser solo una fuente de información y se vuelve un dispositivo de propaganda digital, diseñado para entretener, irritar y consolidar una identidad política alrededor del castigo.
La novedad tecnológica no debe ocultar el retroceso político: cuando un gobierno convierte la deportación en un juego, rebaja la dignidad humana a una ficha y la frontera a un marcador. ¿Qué efectos tendrá esta narrativa sobre el trato cotidiano a las comunidades migrantes? ¿Hasta dónde puede llegar la comunicación estatal cuando la crueldad se presenta como diversión?
