El expresidente Raúl Castro, de 95 años, reapareció este sábado en la televisión nacional cubana durante un acto por el 65 aniversario de la Dirección de Seguridad Personal del MININT, acompañado por Miguel Díaz-Canel y su nieto Raúl Guillermo Rodríguez Castro, “El Cangrejo”. Su presencia, mostrada con palmadas enérgicas y vitores de militares, busca acallar los rumores que circularon la semana pasada sobre una posible muerte o un accidente cerebrovascular que lo mantendría en estado crítico. Sin embargo, el timing del reaparecimiento —justo cuando el 70% del país enfrenta apagones en horario pico y crece el malestar por la gestión oficial— convierte el acto en un ritual político más que en una simple prueba de vida.
El informe del noticiero estatal enmarcó el evento como parte del “Año de Preparación para la Defensa 2026”, una doctrina que el gobierno repite casi a diario bajo la consigna de la “Guerra de Todo el Pueblo”. Díaz-Canel, vestido de uniforme verde oliva, insistió en que la preparación para la defensa sigue siendo “una actividad de enorme prioridad para Cuba”, mientras Raúl Castro presidía el acto junto a la cúpula del Partido y el Ministerio del Interior. El mensaje oficial es claro: hay unidad, hay mando y hay continuidad histórica, aunque el país lleve semanas sin luz, sin combustible y sin respuestas.
En redes sociales y medios independientes, la reaparición de Raúl Castro desató una mezcla de escepticismo y sarcasmo. Usuarios en Facebook y X publicaron comentarios como “Sacaron hoy a la momia de Raúl Castro en el Noticiero” y cuestionaron por qué el régimen guardó silencio durante días sobre su salud. Algunos periodistas y activistas señalaron que la exhibición del líder histórico en un acto de seguridad personal, con su nieto “El Cangrejo” al lado, parece más una operación de imagen que una demostración de capacidad de gobierno. Mientras tanto, medios como DW, El Nuevo Diario y Café Fuerte reportaron el hecho como un intento de “acallar rumores”, pero sin ofrecer detalles médicos ni explicaciones sobre la ausencia previa.
El contraste entre el acto oficial y la realidad cotidiana es brutal. Este sábado, la Unión Eléctrica (UNE) reconoció que el Sistema Electroenergético Nacional es “crítico”, con solo 1.000 MW disponibles frente a una demanda de 3.250 MW, lo que implica apagones para hasta el 70% de la población en horario pico. Nueve de las 16 unidades termoeléctricas están fuera de servicio por averías o mantenimiento, y la gente lleva semanas soportando cortes de hasta 20 horas diarias. En este contexto, los actos militares con aire acondicionado, telas y combustible para mover funcionarios son vistos como una burla más. Para jóvenes, trabajadores estatales y familias que dependen de refrigeradores, ventiladores y bombas de agua, cada apagón es una amenaza directa a la salud, la alimentación y la posibilidad de trabajar o estudiar.
La crisis eléctrica no es nueva, pero se ha agravado en 2026. La UNE ha reconocido públicamente que la situación es “crítica” y que la generación termoeléctrica —responsable del 40% del mix energético— está colapsada. Al mismo tiempo, la migración sigue en niveles récord, con miles de cubanos buscando salidas por tierra, mar y aire, y la diáspora presionando desde fuera con información, críticas y apoyo a familiares. En este escenario, la salud de Raúl Castro se convirtió en un termómetro político: si el “histórico” cae, ¿quién manda? ¿Hay plan B? ¿O todo es improvisación y ritual?
La exhibición de Raúl Castro en televisión, en un acto de seguridad y con su nieto al lado, no resuelve ninguna de las preguntas de fondo. ¿Por qué el silencio oficial durante días de rumores? ¿Qué dice esto sobre la fragilidad del mando y la dependencia de figuras históricas? ¿Hasta cuándo el ritual del poder puede sustituir la gestión real de una crisis que ya no es solo energética, sino social y política? Mientras el país se apaga, el régimen insiste en la “preparación para la defensa”. Pero, ¿contra qué enemigo se prepara Cuba cuando el principal adversario es el colapso interno?
