Una visita de agentes del FBI a dos residentes de Miami vinculados familiarmente con la cúpula cubana habría provocado gestiones privadas ante representantes de Estados Unidos. De acuerdo con información atribuida a fuentes cercanas a esos contactos, los agentes se presentaron ante Carlos Ernesto y Camilo Pérez-Oliva González, hijos de Óscar Pérez-Oliva Fraga, viceprimer ministro y titular de Comercio Exterior e Inversión Extranjera de Cuba. La visita, según esos reportes, ocurrió con el propósito de solicitar un teléfono de contacto de su padre y comunicar el interés de las autoridades estadounidenses en conversar con él. Los jóvenes no habrían entregado el número, mientras que tampoco existe confirmación pública de que Pérez-Oliva Fraga haya conversado posteriormente con funcionarios de Washington.
El caso tomó mayor dimensión cuando Raúl Guillermo Rodríguez Castro, conocido como “El Cangrejo” y nieto de Raúl Castro, habría intervenido en el canal de comunicación con el equipo negociador estadounidense. Una fuente citada en los reportes señaló que estaba “furioso” tras conocer el acercamiento del FBI y que consideró la actuación “inaceptable”. Según esa misma versión, Rodríguez Castro planteó que el contacto con los hijos de Pérez-Oliva podía afectar las posibilidades de diálogo entre ambos países. El episodio revela el carácter sensible de cualquier movimiento que involucre a familiares de altos funcionarios cubanos establecidos en Estados Unidos.
Las fuentes publicadas identifican a Carlos Ernesto y Camilo Pérez-Oliva González como parientes de la familia Castro por la línea de su padre. Óscar Pérez-Oliva Fraga ocupa dos cargos de alto nivel en el Gobierno cubano: es viceprimer ministro y ministro de Comercio Exterior y la Inversión Extranjera. Sin embargo, los reportes disponibles no sostienen que los dos jóvenes hayan sido acusados de delito alguno, ni detallan una investigación formal en su contra. Tampoco se conoce qué asunto concreto pretendían abordar las autoridades estadounidenses con el funcionario cubano, un vacío de información que deja abiertas varias interrogantes sobre el alcance real de la visita.
Pese al malestar que habría expresado Rodríguez Castro, una fuente del Departamento de Estado aseguró que las conversaciones entre Estados Unidos y Cuba no estuvieron en riesgo. “En ningún momento las negociaciones estuvieron en peligro”, indicó el funcionario citado, en contraste con la versión de que el incidente podía romper el diálogo. Un portavoz estadounidense añadió que las comunicaciones continuaban, aunque sostuvo que el Gobierno cubano no había aceptado medidas que, desde la posición de Washington, pudieran beneficiar a la población y disminuir el control estatal. Estas declaraciones no equivalen a una confirmación oficial detallada de una mesa de negociación, pero sí apuntan a la existencia de contactos reservados entre interlocutores de ambos países.
La historia combina datos confirmados por fuentes anónimas con aspectos que aún no cuentan con una explicación pública completa. La visita del FBI y la posterior intervención de “El Cangrejo” muestran cómo un hecho ocurrido en Miami puede trasladarse rápidamente a los delicados canales políticos entre Washington y La Habana. Mientras no haya una declaración directa del FBI, del Departamento de Estado o de las autoridades cubanas que precise el objetivo de ese acercamiento, conviene distinguir entre lo reportado por las fuentes y lo que permanece sin comprobar públicamente. ¿Revelará este episodio la existencia de conversaciones más amplias o quedará como un incidente aislado dentro de una relación marcada por la desconfianza?
