Caverna en Viñales y Reinaldo Rojas Consuegra con su equipo de trabajo

El descubrimiento se localiza en Arroyo Las Piedras, dentro del Valle de Pons, en Viñales. Un equipo encabezado por el doctor en Ciencias Geológicas Reinaldo Rojas Consuegra, del Centro de Investigación del Petróleo, documentó fallas, fracturas, pliegues y estructuras de deformación en antiguos sedimentos marinos. Los investigadores interpretan esas marcas como sismitas: huellas que dejan los grandes movimientos sísmicos cuando alteran materiales blandos antes de que se conviertan plenamente en roca. El estudio fue publicado recientemente en la revista científica Journal of South American Earth Sciences.

Reinaldo Rojas Consuegra en la zona del descubrimiento
Reinaldo Rojas Consuegra en la zona del descubrimiento. Foto: Cortesía del investigador

La importancia del resultado está en su escala. El impacto de Chicxulub ocurrió en la actual península de Yucatán, México, hace alrededor de 66,04 millones de años, pero sus efectos se propagaron por el planeta. En aquel período, el territorio que hoy ocupa Cuba formaba parte de un antiguo Caribe y la zona de Viñales se encontraba bajo un mar profundo, a unos cuatro kilómetros de profundidad y a menos de 1.000 kilómetros del sitio del impacto. Las ondas sísmicas de enorme energía deformaron el fondo marino, licuaron sedimentos y mezclaron materiales fósiles. Millones de años después, esas capas afloran en el occidente cubano como un archivo geológico excepcional.

La investigación describe más de 70 metros de espesor de depósitos deformados. Entre las evidencias aparecen estructuras frágiles y dúctiles, extrusiones de lodo y una mezcla de microfósiles cretácicos que los especialistas llaman “cóctel paleontológico”. El término no es una metáfora decorativa: alude a la reorganización violenta de organismos y sedimentos provocada por los terremotos y, posiblemente, por grandes olas generadas tras el impacto. Según los autores, se trata de la primera documentación en Cuba de sismitas atribuidas directamente a Chicxulub y de uno de los registros más completos de este tipo en la región caribeña.

Chicxulub está vinculado al límite entre el Cretácico y el Paleógeno, conocido como K-Pg, y a una extinción masiva que eliminó a los dinosaurios no avianos y aproximadamente tres cuartas partes de las especies del planeta. El choque no fue un episodio aislado: produjo incendios, tsunamis, terremotos, una dispersión global de polvo y partículas, y un período de oscuridad que alteró la fotosíntesis y colapsó redes alimentarias. La ciencia ha discutido durante décadas el peso relativo de otros factores, como el vulcanismo, pero la evidencia acumulada sostiene que el impacto fue el detonante central de aquella crisis biológica global.

El hallazgo también devuelve atención a la ciencia cubana en un momento de dificultades materiales para investigar, conservar patrimonio y formar nuevas generaciones de especialistas. No basta con celebrar una publicación internacional. La propuesta de incorporar Arroyo Las Piedras como geositio del Geoparque Nacional Viñales abre una discusión más concreta: cómo proteger el lugar de intervenciones improvisadas, erosión, extracción no regulada o una explotación turística que simplifique su valor científico. Un paisaje reconocido mundialmente por sus mogotes puede convertirse, además, en aula abierta para estudiantes, visitantes y comunidades locales.

La noticia importa porque recuerda que Cuba no es solo un territorio expuesto a urgencias cotidianas, sino también un archivo natural de alcance planetario. La protección del conocimiento geológico exige recursos, instituciones abiertas y acceso público a los resultados, no únicamente homenajes cuando aparece un descubrimiento. ¿Recibirá Arroyo Las Piedras la conservación y la señalización que merece? ¿Podrá este hallazgo traducirse en educación científica y oportunidades locales, sin convertir el patrimonio en una mercancía turística desconectada de la comunidad?