La entrega de cuatro viviendas modulares en Bayamo volvió a poner sobre la mesa un debate incómodo sobre la situación habitacional en Cuba, justo en una fecha cargada de simbolismo político. Según la prensa oficial, las familias beneficiadas recibieron estas casas en el reparto 26 de Julio como parte de un programa que busca aprovechar contenedores marítimos ante la falta de materiales de construcción. Sin embargo, la cifra choca con el tamaño del problema: el déficit de vivienda en el país supera las 929 000 unidades, una brecha que sigue creciendo mientras el plan anual de construcción mantiene bajos niveles de cumplimiento.

El acto fue presentado como un avance del Programa de la Vivienda, pero los propios datos publicados en medios estatales muestran que el ritmo sigue siendo muy limitado. En Granma, con estas cuatro entregas, ya suman diez casas-contenedor, mientras que a nivel nacional solo 133 habían sido entregadas hasta abril de 2026 y apenas 19 estaban terminadas de forma oficial. En Sancti Spíritus, otro reportaje de la prensa oficial reconoció que de más de 100 viviendas previstas para este año, solo 17 estaban en fase de ensamblaje y ninguna concluida, lo que confirma que el programa avanza con muchas dificultades.
Las autoridades defendieron la iniciativa como una alternativa viable frente a la escasez de recursos, y la primera secretaria del Partido en Granma, Yudelkis Ortiz Barceló, aseguró que la transformación de contenedores marítimos en viviendas responde a las actuales complejidades del país. Ese argumento, sin embargo, abre varias preguntas: ¿puede una solución pensada para la emergencia convertirse en una política habitacional sostenible? ¿Qué tan habitable resulta una estructura metálica en un clima tropical si no cuenta con climatización y aislamiento adecuados? El arquitecto Abel Tablada ya había advertido que estos módulos pueden convertirse en un “horno” si no se resuelven esas condiciones técnicas, una alerta que cobra más peso en un país con apagones frecuentes.

En Bayamo, las familias beneficiadas recibieron no solo la vivienda, sino también parte del equipamiento básico para instalarse. Sandra Ramírez Garcés, madre de trillizas, agradeció públicamente la ayuda y dijo: “Llegamos a la casa y nos donaron fogón, ollas, lavadoras, batidoras, varias ropitas para las niñas, ventiladores recargables y estamos muy agradecidos”. Su testimonio muestra un contraste fuerte entre la narrativa oficial y la realidad cotidiana, porque agradecer electrodomésticos básicos por una vivienda deja ver cuánto cuesta todavía resolver lo esencial en el país. Además, la selección de los beneficiados incluyó a personas afectadas por eventos meteorológicos, una joven sin amparo parental y una atleta paralímpica, lo que también refleja el enfoque social que el gobierno intenta dar al programa.
Más allá del acto de Bayamo, la discusión de fondo sigue siendo la misma: cómo enfrentar una crisis habitacional que no se resuelve con actos simbólicos ni con cifras pequeñas frente a necesidades enormes. En otras provincias, incluso la prensa oficial ha reconocido retrasos por falta de cemento, acero y áridos, mientras el programa convencional de vivienda también incumple sus metas. Por eso, la pregunta no es solo cuántas casas se entregan, sino si estas soluciones realmente mejoran la vida de las familias a mediano plazo. También vale preguntarse si el país está apostando por una salida de emergencia que termine normalizándose como sustituto de una política de vivienda capaz de responder al problema real.
