“¿La final del Mundial o un mini Super Bowl? Así fue el histórico show de medio tiempo con BTS, Justin Bieber y Shakira.”
La final del Mundial 2026 marcó un antes y un después al estrenar el primer show de medio tiempo de la historia de una Copa del Mundo, inspirado en el modelo del Super Bowl. Bajo la dirección artística de Chris Martin, vocalista de Coldplay, el New York New Jersey Stadium se transformó en “el escenario más grande del mundo” con un espectáculo que duró cerca de media hora. En total, pasaron 27 minutos desde que los jugadores abandonaron el campo al final del primer tiempo hasta que arrancó la segunda parte. La apuesta de la FIFA fue clara: convertir el momento del descanso en un show global tan comentado como el partido. ¿Estamos ante el nacimiento de una nueva tradición en el fútbol internacional?
El cartel fue tan amplio como diverso, y ahí estuvo uno de los grandes riesgos y, al mismo tiempo, atractivos del show. El público en el estadio y los millones de espectadores en televisión cantaron y bailaron con “Dai Dai”, tema oficial del torneo, interpretado por Shakira y el nigeriano Burna Boy. Hubo una aparición sorpresa de Ronaldo y Ronaldinho junto a Madonna, los Muppets y personajes de Plaza Sésamo, mezclando íconos del fútbol, del pop y de la cultura televisiva infantil. BTS se sumó con su energía característica y Justin Bieber presentó una versión acústica de “Everything Hallelujah” solo con su guitarra, aportando un momento más íntimo dentro del despliegue masivo. ¿Puede un show tan fragmentado construir una narrativa común o su fuerza está precisamente en la variedad?
Uno de los elementos más singulares fue el bloque sinfónico liderado por Gustavo Dudamel. El director venezolano dirigió a la Filarmónica de Nueva York y a la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar de Venezuela en una colaboración inédita en un escenario deportivo global. Dudamel había adelantado que estaba “inmensamente feliz” de dirigir a ambas orquestas en el show de medio tiempo, compartiendo escenario con Madonna, Shakira, Burna Boy, BTS, Justin Bieber y el coro PS22 con participación de Coldplay. Su presencia aportó peso y sofisticación al espectáculo, conectando música clásica y cultura pop frente a un público mayoritariamente futbolero. ¿Es este tipo de mezcla una puerta para acercar la música sinfónica a audiencias que quizá nunca irían a una sala de conciertos?
El experimento de reproducir el modelo del Halftime Show del Super Bowl en la Copa del Mundo tuvo aciertos claros. El primero, reunir a algunos de los artistas más importantes del mundo —Madonna, Shakira, BTS, Justin Bieber— en un mismo escenario y en un tiempo muy limitado. El segundo, incorporar elementos inesperados como los Muppets, Plaza Sésamo y el bloque orquestal de Dudamel, que dieron un tono más familiar y, a la vez, más ambicioso al espectáculo. Sin embargo, el propio diseño reconocía el desafío: muchos artistas en un lapso corto, sin un concepto unificador completamente claro. ¿Pesó más la espectacularidad de las actuaciones o la sensación de un mosaico donde cada pieza competía por atención?
Para la FIFA, el show buscó algo más que entretenimiento inmediato. La organización se asoció con iniciativas como Global Citizen y un fondo educativo para recaudar hasta 100 millones de dólares destinados a ampliar el acceso a educación y fútbol para niños en todo el mundo. En paralelo, la participación de Dudamel se vinculó con esfuerzos para apoyar a comunidades afectadas por recientes sismos en el norte de Venezuela. De este modo, el espectáculo se presentó como una plataforma de visibilidad artística y también de acción social, aunque el foco mediático haya estado sobre las estrellas principales. ¿Puede un show de medio tiempo convertirse de verdad en una herramienta de cambio más allá de la pantalla ?
