“¿Escalada inevitable? Dos soldados estadounidenses muertos y un desaparecido tras un ataque iraní en Jordania.”
El Mando Central de Estados Unidos (CENTCOM) informó que dos militares norteamericanos murieron y un tercero está “desaparecido en combate” después de un ataque iraní con misiles balísticos y drones contra posiciones estadounidenses en Jordania. En un comunicado, CENTCOM señaló que los uniformados fallecieron “mientras fuerzas del CENTCOM y aliadas se defendían de ataques iraníes con misiles balísticos y drones”. Además, otros cuatro militares estadounidenses fueron evacuados a hospitales jordanos, donde ya recibieron el alta, y varios más fueron atendidos por heridas leves antes de regresar al servicio. Con estas muertes, ya son 16 los militares estadounidenses fallecidos desde el inicio de la última escalada entre Washington y Teherán el 28 de febrero, un dato que subraya el costo humano creciente del conflicto.
Según la Guardia Revolucionaria de Irán, los proyectiles fueron dirigidos contra la base aérea jordana de Muwaffaq Salti, en el centro-norte del país, donde alcanzaron hangares con aviones de combate estadounidenses y “una gran plataforma de estacionamiento”. Horas antes, el propio régimen había asegurado que otro ataque había impactado depósitos de combustible norteamericanos en esa misma instalación, a la que Teherán considera estratégica por su ubicación y su papel en las operaciones de Estados Unidos en Asia Occidental. En respuesta, el ejército jordano informó del derribo de cuatro drones iraníes, sin mencionar daños en la base aérea. La diferencia entre las versiones refleja el choque no solo militar, sino también narrativo, en una guerra donde cada parte intenta controlar el relato sobre lo que ocurre. ¿Hasta qué punto puede la opinión pública confiar en las versiones en medio de una confrontación activa?
El ataque en Jordania se inscribe en una jornada de fuego cruzado más amplia entre Estados Unidos e Irán, centrada en torno al estrecho de Ormuz y la infraestructura crítica de la región. CENTCOM confirmó que completó su séptima noche consecutiva de bombardeos contra “lugares de vigilancia, infraestructura logística militar, depósitos subterráneos de armas y capacidades marítimas” iraníes. Al mismo tiempo, Kuwait reportó que sus defensas aéreas interceptaban misiles y drones lanzados por Irán, Irak informó la destrucción de drones sobre Erbil y Bahréin dijo haber “frustrado” nuevas oleadas de ataques y activado sirenas antiaéreas en cuatro ocasiones. En este contexto, Estados Unidos mantiene un bloqueo naval contra puertos y buques iraníes en Ormuz, mientras Irán amplía sus ataques hacia bases y plantas energéticas en países del Golfo. ¿Está la región entrando en una fase de guerra abierta, más allá de la etiqueta de “escalada” que se usa hasta ahora?
La tensión no se limita al plano militar: tiene efectos políticos, económicos y diplomáticos visibles. El Consejo de Cooperación del Golfo acusó al régimen iraní de cometer “crímenes de guerra” al atacar infraestructuras civiles en Bahréin, Kuwait y Jordania, y exigió que Teherán rinda cuentas ante la comunidad internacional. Kuwait denunció daños graves en plantas energéticas y desalinizadoras, con heridos entre bomberos y trabajadores, y reportó incendios en instalaciones petroleras clave. En Irán, las autoridades reconocen que unos 10.000 habitantes de 20 pueblos de Hormozgán se quedaron sin agua potable tras un ataque estadounidense contra una planta desalinizadora. Al mismo tiempo, el rial iraní marcó un nuevo mínimo histórico frente al dólar, en medio de inflación superior al 80% y fuertes presiones derivadas de los bombardeos y el bloqueo naval. ¿Puede prolongarse una guerra así sin desbordarse en una crisis social más profunda dentro y fuera de Irán?
En el plano político, las señales también apuntan a una situación volátil y sin una vía clara de desescalada. El líder supremo de Irán, Mojtaba Khamenei, advirtió que la “querida nación iraní y el eje de la resistencia tienen lecciones inolvidables” para Estados Unidos, y acusó a Washington de violar el acuerdo preliminar firmado el 17 de junio. Fuentes oficiales iraníes señalaron que Khamenei no aparecerá en público “hasta que la situación se normalice” y recordaron que su padre y predecesor, Ali Khamenei, fue abatido en esta guerra el 28 de febrero. Por su parte, el Departamento de Estado estadounidense pidió a sus ciudadanos reconsiderar viajes a Medio Oriente ante el riesgo de una “escalada imprevista” y celebró que Reino Unido haya endurecido medidas contra la Guardia Revolucionaria iraní. En ese escenario, la muerte de dos soldados en Jordania y la desaparición de un tercero no solo tiene impacto humano, sino que puede influir en las decisiones políticas en Washington. ¿Será este nuevo episodio un punto de inflexión hacia más diplomacia o hacia una respuesta aún más dura?
