Luis Alberto García y Nayib Bukele

El debate se desató en redes sociales el pasado 1 de julio de 2026, cuando el actor Luis Alberto García Novoa publicó en Facebook un texto bajo el título “¿Dónde está Bukele?”, una pregunta que, en la práctica, es una crítica directa al régimen cubano por la inseguridad que vive la población. García, reconocido por su trabajo en cine y televisión, y por su perfil público en el mundo de la cultura, no solo se lamentó de los robos, asaltos y agresiones que viven los ciudadanos, sino que cuestionó directamente a la Policía Nacional Revolucionaria (PNR) y al Ministerio del Interior (MININT) por priorizar la represión política sobre el combate al crimen común, según medios independientes como CubaNet, CiberCuba, CubaNow y su propia cuenta en Instagram y X.

El discurso oficial, en este caso, es de una defensa implícita: las fuerzas de seguridad, según el régimen, están enfocadas en la lucha contra la delincuencia, en la prevención de delitos y en la protección de la población, y cualquier crítica a su actuación es, en su versión, una “manipulación política” o una “desinformación” que busca desacreditar el trabajo de las instituciones. Pero la narrativa de García es radicalmente distinta: la policía no está en Cuba para atrapar a criminales, sino para apresar y encarcelar a los que se atreven a encarar al régimen, y mientras los criminales se multiplican, el Estado se enfoca en la persecución de la disidencia, lo que, en la práctica, contribuye al aumento de la inseguridad ciudadana.

En redes sociales, la reacción es de alivio, pero también de duda. En Facebook, Instagram y X, publicaciones como “El actor cubano denuncia la inseguridad ciudadana y exige que las fuerzas de seguridad prioricen el combate al crimen común” se viralizan con frases como “gracias por decir lo que todos callamos” y “¿y qué pasa con los que siguen sin recursos?”. La narrativa de García no es solo de denuncia, sino de una cultura que, en tiempos de crisis, usa la cultura como resistencia, y que, en muchos casos, se vuelve resistencia.

El impacto real en la gente es doble. Primero, simbólico: la denuncia de García se convierte en un símbolo de que el béisbol no está muerto, sino que está en un proceso de reconstrucción, y que los actores, como Luis Alberto García, son ejemplos de que la cultura no es solo un juego, sino una forma de resistencia. Segundo, material: la mayoría de los ciudadanos, en tiempos de crisis, dependen de la solidaridad de los vecinos, de la colaboración de las empresas y de la ayuda de los gobiernos locales, lo que hace que la cultura, en muchos casos, se vuelva una forma de resistencia, y no solo un juego.

La controversia también tiene un trasfondo político: en tiempos de crisis, la denuncia de García se ha convertido en un escenario de resistencia, y los actores, como Luis Alberto García, son ejemplos de que la cultura no es solo un juego, sino una forma de resistencia, que, en algunos casos, se vuelve instrumento de propaganda.

Lectura crítica y preguntas abiertas

La denuncia de un actor como Luis Alberto García no es solo un hecho cultural; es también un síntoma: ¿qué queda de una cultura que celebraba la cultura como resistencia en un mundo que ya no celebra la cultura, sino que lo vigila? ¿Y cuántos legados como el de la denuncia de García, que dieron vida a libertades en la cultura, pasan sin que nadie sepa de ellos hasta que se desvanece?