La tragedia en La Guaira, Venezuela, sigue dejando historias de angustia que conmueven dentro y fuera del país, y una de las más sensibles es la de la familia conformada por Yhosvany Hernández Fernández, Adela Taberneiro García y sus hijos Ulises, de 8 años, y Lía, de 9. Según la información difundida, los cuatro viajaron desde España a Venezuela el 20 de junio para visitar a familiares y desde entonces no se sabe con certeza si permanecen atrapados bajo los escombros del edificio donde se encontraban. La noticia ha generado una búsqueda desesperada en la que cada dato, cada llamada y cada difusión puede marcar la diferencia.
El punto que más ha movilizado a la opinión pública es la última ubicación conocida de la familia: el Bulevar Naiguatá 33, sector El Caribe, en Caraballeda, estado La Guaira, también identificado como el edificio OPP 33, torre B, piso 2. Esa referencia ha sido clave para orientar los operativos, porque la zona forma parte de las áreas más golpeadas por los terremotos del 24 de junio, que dejaron una estela de destrucción en el norte de Venezuela. La familia, residente en Marín, Galicia, había regresado temporalmente al país, y ahora sus allegados piden máxima difusión para localizarla cuanto antes.
Los terremotos que desencadenaron esta emergencia ocurrieron el 24 de junio de 2026, con dos sismos de magnitud 7.2 y 7.5 que sacudieron fuertemente el territorio venezolano. La magnitud de la tragedia ha sido enorme, con reportes que hablan de miles de desaparecidos y de cientos de personas aún bajo escombros, mientras equipos de rescate de distintos países trabajan sin descanso para encontrar sobrevivientes. En medio de esa carrera contra el tiempo, también se han reportado rescates recientes que mantienen viva la esperanza, como el de un padre y su hijo encontrados con vida tras varios días atrapados.
La familia de Marín ha pedido ayuda a través del número +1 (813) 669-8138, y la comunidad cercana acompaña la búsqueda con una mezcla de angustia y esperanza. La alcaldesa María Ramallo ha dicho que “no tenemos absolutamente ninguna noticia” y que, aunque siguen en contacto con los parientes, “no queremos perder la esperanza”, una frase que resume el estado emocional de todos los que esperan una señal. Esa incertidumbre convierte cada hora en un tramo muy duro, porque en una emergencia así el silencio también pesa.
Lo más delicado de esta historia es que ya no se trata solo de un caso aislado, sino de una tragedia humanitaria de gran escala que dejó al país entero mirando hacia La Guaira. Entre la destrucción de edificios, la búsqueda de desaparecidos y la labor de rescate internacional, el caso de Yhosvany, Adela, Ulises y Lía representa el rostro más humano del desastre. ¿Lograrán ser ubicados a tiempo? ¿Habrá más sobrevivientes entre los escombros? La respuesta sigue dependiendo de la rapidez del rescate y de la difusión de esta información.
