El gobierno cubano anunció que pidió una sesión extraordinaria de la Asamblea General de la ONU para el 7 de julio, con el objetivo de denunciar el embargo de Estados Unidos y el aumento de las sanciones contra la isla. El canciller Bruno Rodríguez Parrilla dijo en X que la reunión se hará bajo el tema 38 de la agenda, dedicado al fin del “bloqueo económico, comercial y financiero” impuesto por Washington. ¿Será esta convocatoria una nueva ofensiva diplomática o una forma de presionar a la comunidad internacional en medio de la crisis interna?
Rodríguez afirmó que la sesión servirá para denunciar “las acciones agresivas del gobierno de Estados Unidos”, entre ellas “la amenaza y posibilidad real de agresión militar, el cerco energético y otras medidas de recrudecimiento extremo” del embargo. También acusó a Washington de intentar impedir la cita mediante “presiones inéditas” y “argumentos mendaces”, según escribió en su cuenta de X. En su mensaje, sostuvo además que el Departamento de Estado realiza gestiones diplomáticas para bloquear la reunión y “censurar” el derecho de los Estados miembros a pronunciarse.
La convocatoria llega en un momento especialmente delicado para Cuba. Desde enero de 2026, la administración de Donald Trump ha endurecido las sanciones, incluyendo una orden ejecutiva que declaró a Cuba una “amenaza inusual y extraordinaria”, además de nuevas medidas sobre el suministro de petróleo y sanciones secundarias. A eso se sumaron castigos contra GAESA, el conglomerado militar que controla buena parte de la economía cubana, y contra CUPET, la empresa estatal de petróleo. El resultado, según el texto citado, ha sido una caída de entre 80% y 90% en las importaciones de combustible, lo que agravó apagones de hasta 25 horas en algunas zonas.
Otro punto importante es que esta reunión no sustituye la votación anual de octubre sobre el embargo, sino que se trata de una sesión extraordinaria solicitada por Cuba con un mecanismo poco común. El contexto, sin embargo, sí cambia el peso político del momento: en octubre de 2025, la resolución cubana logró 165 votos a favor, siete en contra y 12 abstenciones, su respaldo más bajo en más de tres décadas. ¿Está cambiando el mapa diplomático alrededor de Cuba? ¿O el desgaste económico de la isla está empujando a La Habana a reforzar su narrativa internacional?
Al cierre, Rodríguez resumió la posición oficial con una frase que el gobierno repite con frecuencia: “Cuba no es una amenaza. El bloqueo sí”. Más allá del choque de discursos, la sesión del 7 de julio buscará dejar claro hasta qué punto la crisis energética, el deterioro económico y la disputa con Estados Unidos siguen marcando la agenda cubana ante la ONU. La pregunta que queda es si este nuevo paso logrará sumar apoyos o si confirmará que el debate sobre el embargo ya no tiene el mismo respaldo de antes.
