“¿Reacomodo estratégico o pérdida de control? GAESA mueve fichas mientras crece la presión sobre Cuba.”
GAESA comenzó a transferir algunas de sus empresas a otras entidades estatales, entre ellas la Terminal de Contenedores Mariel, en un momento marcado por el endurecimiento de las sanciones de Estados Unidos y la salida de navieras internacionales que prefirieron alejarse del riesgo. La información apunta a que el conglomerado militar estaría reordenando su estructura para reducir exposición directa en negocios sensibles, justo cuando Washington aprieta más sobre los sectores vinculados a divisas y logística. ¿Es esto una simple reorganización administrativa o una señal de que el modelo económico cubano está entrando en una nueva fase de presión?
El movimiento no se limita al puerto de Mariel. GAESA también salió de la empresa mixta que administraba el Centro de Negocios Miramar, mientras CEIBA Investments pasó a controlar el 100% de esa instalación, según reportó AFP. Ese cambio refuerza la idea de que algunos activos están siendo reubicados bajo nuevas manos, aunque sin salir del entorno empresarial asociado al poder en Cuba. En paralelo, la estructura inmobiliaria y comercial ligada a la isla sigue adaptándose para sostener operaciones en medio de un escenario cada vez más incierto. ¿Se trata de una salida parcial para esquivar sanciones o de un cambio real en quién manda sobre esos negocios?
La otra pieza que amplifica el tema es la revelación del diario ABC sobre contratos del Gobierno de España por más de 1,6 millones de euros al Grupo Palco, empresa vinculada a GAESA, para apoyar el funcionamiento del consulado español en La Habana y los trámites de la Ley de Memoria Democrática. Según esa información, la necesidad de reforzar el personal consular llevó a Exteriores a contratar con una empresa estatal cubana, en un contexto de enorme demanda por la llamada ley de nietos. El caso vuelve a mostrar que, incluso cuando hay presión política contra GAESA, su entorno empresarial sigue inserto en circuitos internacionales de servicios y gestión. ¿Cómo se explica que una red sancionada siga apareciendo en operaciones clave de terceros países?
GAESA, además, no es un actor menor dentro de la economía cubana. Diversas investigaciones lo describen como un conglomerado con peso decisivo en sectores como turismo, comercio, logística, remesas y banca, con una influencia que puede alcanzar una parte muy grande del PIB de la isla. Por eso, cualquier traslado de activos o cambios de control no solo tiene efecto empresarial, sino también político y financiero. Si el grupo se desmarca de algunas instalaciones mientras conserva el núcleo de su poder, ¿estamos viendo una defensa táctica o una reconfiguración profunda del sistema?
Lo que queda claro es que el movimiento de GAESA ocurre bajo presión externa, con sanciones más duras, temor empresarial y una economía cubana que depende de cada ingreso que todavía logra sostenerse. La salida de navieras, el traspaso de terminales y el cambio en propiedades estratégicas dibujan un escenario de ajuste más que de expansión. En ese tablero, cada contrato, cada cesión y cada cambio de nombre levantan una pregunta mayor: ¿quién controla de verdad los activos más rentables de Cuba?
